Historia de la ruleta
Es tiempo de hacer un poco de historia:
El ancestro más conocido de la ruleta es la mítica
rueda de la fortuna invocada por los goliardos, unos poetas errantes
y sibaritas de la Edad Media.Más cerca en el tiempo el origen
de la ruleta, el juego de azar por excelencia, se remonta a la Francia
del siglo XVII, inventada por Pascal. El genio matemático
dio origen, sin saberlo, a una de las industrias más prósperas
de la actualidad.
Tiempo después los hermanos Blanc, propietarios del casino
de Hamburgo en Alemania, fueron los primeros en dar a conocer hacia
1841 la ruleta llamada europea, distinta de otras por ser la única
que incluye el cero. Veinte años más tarde, el ya
ultra millonario Francois Blanc, lleva la famosa ruleta al lugar
que se convertiría en su templo: el casino de Montecarlo.
La ruleta aunque usted no lo crea da mucho
que hablar sino siga leyendo este artículo...
Creer o reventar
Los distintos juegos de casino han dado pie a diversos mitos, en su
gran mayoría falsos, y por supuesto a supersticiones a las
que los apostadores se aferran buscando por lo menos una pequeña
sonrisa de la Diosa Fortuna. Los invitamos a repasar algunas de éstas
creencias, que trascendieron los pasillos y salas de los casinos.
Por ejemplo se dice que la sucesión de aciertos lleva a creer
que todo es cuestión de doblar la apuesta. Esto es mentira.
Las rachas de más de 10 aciertos son poco frecuentes. Hay que
saber retirarse a tiempo, aunque muy pocas veces se sabe exactamente
cuándo es ese momento.
Otras situaciones que merecen ser mencionadas (la mayoría de
ellas ocurren en Casinos de Montecarlo): -Se dice que acariciar
la rodilla del caballo de bronce de la escultura ecuestre de Luis
XIV que se encuentra a la entrada del Hotel de París es buen
augurio. Aunque hay quienes prefieren besar la medalla de la Virgen
antes de cada apuesta.
-Hay quienes sólo pueden jugar en pareja. Algunos tienen
la manía de sentarse siempre en el mismo puesto, mientras
que otros, por el contrario, prefieren permanecer de pie. Los hay
también que apuestan invariablemente al mismo número,
y los más extravagantes lavan las fichas antes de colocarlas
sobre la mesa.
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